La mayoría de los síndicos en México llegan al cargo con una de dos actitudes: o creen que el cargo es decorativo y se comportan como tal, o creen que el cargo es de confrontación con el alcalde y gastan sus tres años en un conflicto que no gana nadie. Los síndicos que aprovechan el cargo de verdad hacen algo completamente diferente: lo entienden como una plataforma de construcción de carrera que muy pocos saben usar.
Qué puede hacer un síndico que casi nadie hace
Las facultades legales de la sindicatura varían por estado, pero en casi todos los casos incluyen la representación jurídica del municipio, la vigilancia del ejercicio del gasto público, la presentación de iniciativas al cabildo y, en muchos casos, la capacidad de investigar el desempeño de la administración. Esas facultades son mucho más poderosas de lo que la mayoría de los síndicos usa.
Un síndico que entiende bien sus atribuciones legales puede presentar iniciativas de transparencia, auditar áreas específicas de la administración, representar al municipio en negociaciones con el gobierno estatal, y hacerse visible públicamente como una figura de control y supervisión. En un contexto donde la desconfianza en la gestión pública es alta, ese perfil tiene un valor político enorme.
Construir imagen de gobernante sin ser el alcalde
El síndico que solo existe en las sesiones de cabildo es invisible. El síndico que recorre colonias, atiende quejas ciudadanas, verifica en campo el estado de los servicios públicos y comunica lo que encuentra, ese síndico construye una imagen de trabajo que muchos alcaldes no tienen.
La clave está en elegir bien los temas. Un síndico que pelea contra el alcalde en todo se convierte en un personaje de conflicto que la gente cansa. Un síndico que elige dos o tres temas de alto impacto ciudadano, los trabaja con consistencia y los comunica de manera accesible, construye una imagen de eficiencia y cercanía que es exactamente el perfil que gana en la siguiente elección.
Las alianzas que solo se pueden construir desde la sindicatura
La sindicatura da acceso a actores que el alcalde no tiene tiempo de atender con profundidad: organizaciones de la sociedad civil, grupos de vigilancia ciudadana, cámaras empresariales, medios locales especializados en temas de transparencia y gobierno. Esos actores buscan interlocutores confiables en el gobierno municipal y si el síndico ofrece eso, construye relaciones que no tienen precio político.
También da acceso a información del gobierno estatal y federal que pocas posiciones municipales tienen. Los síndicos que participan activamente en las asociaciones de síndicos de su estado tienen visibilidad y conexiones que van mucho más allá del municipio. Para alguien que quiere construir una carrera política de mediano plazo, esas conexiones son más valiosas que muchas cosas que cuestan mucho más.
Los errores que hacen que tres años como síndico sean tres años perdidos
El primero: subordinarse completamente al alcalde y renunciar a la independencia institucional del cargo. Un síndico que solo dice sí al alcalde no construye imagen propia: construye la imagen del alcalde. El segundo: convertirse en oposición permanente al alcalde sin una agenda propia. Un síndico que solo ataca no construye credibilidad de gobernante: construye credibilidad de crítico, que es un perfil diferente y con menor valor electoral.
El tercero, el más común: no comunicar. Un síndico que hace buen trabajo pero no lo comunica efectivamente desperdicia el activo de visibilidad que el cargo ofrece. En política, el trabajo que no se comunica no existe políticamente. Y si el trabajo sí se hizo y no se comunicó, en tres años cuando quieras lanzarte a algo más grande, nadie va a recordar que fue tuyo.
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