Ganar la presidencia municipal no significa controlar el cabildo. En muchos municipios, el alcalde llega al gobierno con el cabildo fracturado, con regidores de oposición que tienen sus propias agendas, con síndicos que responden a otros intereses, con funcionarios heredados que no están comprometidos con el nuevo proyecto. Gobernar en ese contexto no es una excepción: es la condición normal de la mayoría de los presidentes municipales en México.
Entender la lógica de la oposición en el cabildo
La oposición en el cabildo raramente es ideológica en el nivel municipal. Es política en el sentido más básico: hay personas que tienen intereses distintos a los tuyos, que quieren posicionarse para la siguiente elección, que tienen compromisos con actores externos que prefieren que tu gobierno fracase, o simplemente que no te perdonan haber ganado una candidatura que ellos querían.
Entender las motivaciones específicas de cada regidor de oposición es el primer paso para manejar esa relación con inteligencia. No todos los opositores son igualmente adversariales. Hay quienes van a votar en contra de todo lo que propones pase lo que pase. Hay quienes tienen objeciones específicas que se pueden atender. Y hay quienes no son aliados pero tampoco quieren ser tus enemigos permanentes si no los obligas a serlo.
Las sesiones de cabildo: preparación como única defensa
El error más costoso en el manejo del cabildo es llegar a las sesiones sin los votos contados. Si no sabes antes de entrar al salón cómo va a votar cada regidor en cada punto del orden del día, ya perdiste el control de la sesión. La gestión del cabildo no ocurre en las sesiones: ocurre en las conversaciones que las preceden.
Cada punto importante que vas a presentar al cabildo requiere trabajo previo con los regidores que pueden ser persuadidos. Eso significa reuniones individuales, información relevante compartida con anticipación, escuchar sus objeciones antes de la sesión, y cuando es posible, incorporar sus puntos de vista en la propuesta. El regidor que siente que su perspectiva fue considerada vota diferente al que se entera de la propuesta cuando ya está en el orden del día.
Construir mayorías funcionales sin ceder el gobierno
Gobernar con cabildo dividido requiere construir mayorías voto por voto en cada tema importante. Eso no significa comprar votos: significa identificar en qué temas específicos puedes sumar votos de regidores que en general no son tus aliados. Hay regidores de oposición que votarán a favor de una obra en su colonia aunque en todo lo demás voten en contra. Hay temas de interés común donde el costo político de oponerse es mayor que el de apoyar.
Las mayorías funcionales se construyen con trabajo político constante, no solo con cabildeo intensivo antes de las sesiones más importantes. El alcalde que mantiene conversaciones regulares con todos los miembros del cabildo, incluyendo los de oposición, tiene información de primera mano sobre dónde puede haber acuerdos y dónde no. El que solo habla con los que ya lo apoyan opera con información incompleta.
Cuándo ceder y cuándo sostener
No toda pelea en el cabildo vale la pena. El alcalde que pelea cada punto como si fuera su última batalla desgasta relaciones, capital político y energía en conflictos que no definen el gobierno. Hay que elegir qué es innegociable y qué puede ser objeto de ajuste o negociación.
Lo innegociable son los temas donde ceder afecta directamente el bienestar de la ciudadanía o compromete la integridad del gobierno. Lo negociable son los temas donde el ajuste no afecta el fondo pero puede reducir el costo político de aprobar la iniciativa. El alcalde que sabe distinguir entre los dos y comunica esa distinción con claridad a su equipo governa con mucha más eficiencia que el que trata todo con la misma intensidad.
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