En un municipio de Michoacán, el síndico Armando Castellanos presentó en enero un informe de observaciones al gasto del Ayuntamiento. El alcalde era del mismo partido. El síndico también. Eso no lo detuvo.
El caso circuló en redes locales durante semanas. Algunos lo llamaron traición. Otros lo llamaron valentía. El Cabildo quedó partido en dos. Y el síndico terminó siendo la figura política más comentada del municipio, para bien y para mal.
Por qué auditó al alcalde de su propio partido
Castellanos no lo hizo por capricho ni por bronca personal. Lo hizo porque el cargo de síndico tiene una función legal muy concreta: fiscalizar el gasto público municipal. Eso incluye al alcalde. Incluye a todo el Ayuntamiento. Incluso si son del mismo color.
Lo que encontró en la revisión no era un fraude millonario. Eran irregularidades menores: pagos sin respaldo documental, contratos firmados fuera del proceso correcto, viáticos sin comprobante. El tipo de cosas que en la mayoría de los municipios de México se ignoran o se archivan sin consecuencia.
Castellanos decidió no ignorarlas. Las documentó. Las presentó ante el Cabildo. Y las notificó a la Secretaría de la Contraloría del Estado.
Lo que le pasó al síndico
Primero vino el silencio del partido. Nadie salió a respaldarlo públicamente. Nadie salió a atacarlo tampoco. El partido prefirió no tomar partido, al menos en público.
Después llegaron las presiones informales. Llamadas. Mensajes. Reuniones sin acta. El mensaje era siempre el mismo: “Hay que resolver esto internamente. No hay necesidad de escalar.”
Castellanos no cedió. Siguió el proceso legal. La Contraloría abrió una revisión. El proceso sigue abierto al día de hoy.
En términos políticos, el síndico ganó visibilidad. Ganó respeto entre ciudadanos que ya no creían en nadie del partido. Y se convirtió en un problema incómodo para el alcalde, que ahora tiene un expediente abierto con su nombre.
La lección que no te van a enseñar en el partido
Este caso contiene una verdad que los partidos prefieren que no sepas: el síndico no es el asistente del alcalde. Tiene atribuciones propias. Tiene facultades de fiscalización que no dependen del permiso de nadie.
Si llegas a una sindicatura o a una regiduría pensando que tu trabajo es apoyar al presidente municipal, ya perdiste. Tu trabajo es representar al municipio. A veces eso significa respaldar al alcalde. A veces significa auditar su gasto.
El caso Castellanos también demuestra que ejercer el cargo con honestidad tiene un costo político de corto plazo y un beneficio político de mediano plazo. En el corto plazo te quedas solo. En el mediano plazo eres el único que tiene credibilidad cuando todo lo demás se cae.
La pregunta no es si estás dispuesto a auditar al alcalde de tu partido. La pregunta es si sabes cuáles son tus facultades reales y si tienes el oficio para ejercerlas sin que te destruyan antes de terminar el encargo.
Lo que necesitas saber si ocupas o aspiras a una sindicatura
La Ley Orgánica Municipal de Michoacán establece de forma explícita que el síndico tiene facultades de vigilancia del gasto. No es opcional. No es discrecional. Es parte del cargo.
El problema es que la mayoría de los síndicos llegan al cargo sin saber esto. Llegan como favor del partido, como premio de consolación por no haber ganado la presidencia, o como resultado de una negociación de planilla. Y cuando llegan, el alcalde ya los puso a firmar lo que el alcalde necesita que firmen.
Si quieres hacer algo real desde una sindicatura, necesitas entender el cargo antes de tomarlo. No después. Antes. Porque después ya es tarde.
¿Quieres ir más rápido?
Descarga gratis el ebook
“La elección ya empezó…” — El ebook gratuito para ciudadanos que quieren ganar una elección municipal. Sin partido. Sin experiencia previa.
Descargar PDF gratis →

Comentarios cerrados