En muchos pueblos de México circula una creencia que ha costado carreras enteras: la idea de que el presidente municipal es el dueño absoluto del ayuntamiento. Que manda sobre todos, que puede premiar y castigar a placer, que un regidor incómodo se quita con una firma. Es mentira. Y un criterio reciente del Tribunal Electoral lo dejó clarísimo.
La resolución confirma algo que debería estar tatuado en la mente de cada aspirante a regidor o síndico: un alcalde no puede separar a un regidor de su cargo. Esa facultad no le pertenece. Es exclusiva del Congreso del estado. Y entender por qué, y qué implica, vale más que cualquier curso de oratoria.
Qué resolvió el tribunal
El caso, en esencia, es el de un regidor a quien se pretendió apartar de su cargo por decisión de la autoridad municipal. El tribunal fue tajante: la separación de un integrante electo del ayuntamiento es una determinación grave que solo puede tomar el Congreso local, siguiendo un procedimiento con garantías, no un acto de voluntad del presidente municipal en turno.
En términos simples: el regidor tiene un cargo de elección popular, igual que el alcalde. Los dos fueron votados. Uno no es empleado del otro. El presidente municipal encabeza el cabildo, sí, pero no es el patrón que contrata y despide. Es, más bien, el capitán de un equipo donde cada quien tiene un puesto que el pueblo le dio, no el alcalde.
Por qué esto le importa al que aspira a una regiduría
Aquí está la joya estratégica que casi nadie explota. Muchos ciudadanos ambiciosos descartan la regiduría porque la ven como un puesto menor, decorativo, un asiento de relleno donde solo se levanta la mano. Grave error.
La regiduría es una posición blindada. El alcalde no te puede correr. Tienes voz, tienes voto en el cabildo, tienes acceso a la información del gobierno municipal y tienes fuero de tu propio cargo. Un regidor que entiende su poder puede vigilar, proponer, exhibir, construir. Puede convertirse en el contrapeso real del gobierno, o en su aliado más valioso, según le convenga a su proyecto.
Y lo mejor: es la mejor escuela para el que sueña con la presidencia municipal. Tres años como regidor, bien aprovechados, te dan conocimiento del gobierno por dentro, presencia pública constante y una plataforma para construir el nombre que necesitarás cuando busques el cargo mayor. Es el trampolín más subvaluado de la política local.
La otra cara: el poder del cabildo sobre el alcalde
Si el alcalde no manda sobre los regidores, la pregunta lógica es: ¿quién manda sobre el alcalde? Y aquí es donde el juego se pone interesante.
El cabildo, en conjunto, tiene facultades que el alcalde solo no tiene. Las decisiones importantes del municipio, el presupuesto, los reglamentos, ciertos nombramientos, se votan en cabildo. Un alcalde sin mayoría en el cabildo gobierna con las manos atadas. Y una coalición de regidores y síndico, bien organizada, puede frenar a un presidente municipal, fiscalizarlo e incluso, en casos graves y por la vía legal correcta, impulsar su remoción ante el Congreso.
Ya lo hemos visto en la práctica: gobiernos municipales donde el alcalde creía tener todo el poder y descubrió, demasiado tarde, que un cabildo unido le podía hacer la vida imposible. El que ignora la aritmética del cabildo, gobierne o legisle, está jugando ajedrez sin saber cómo se mueven las piezas.
La lección para tu estrategia
De este caso salen tres enseñanzas que valen oro para cualquier aspirante.
Una: no menosprecies la regiduría. Es un cargo blindado, con poder real y con la mejor vista para aprender el oficio. Muchos que hoy son presidentes municipales exitosos empezaron ahí, y no por casualidad.
Dos: si vas a ser regidor o síndico, estudia tus facultades antes de tomar protesta. El poder que no conoces es poder que regalas. La mayoría de los regidores llega sin leer una sola línea de la Ley Orgánica Municipal de su estado, y luego se pasa tres años preguntándose por qué no pudo hacer nada.
Tres: si aspiras a la presidencia municipal, entiende que ganar la elección es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es construir y mantener una mayoría en el cabildo que te deje gobernar. Un alcalde solo, sin cabildo, es un rey sin reino.
Un ejemplo de cómo el cabildo cambia el juego
Imagina un municipio donde el alcalde ganó con una diferencia apretada. En el papel, es el jefe. En la práctica, si su planilla no le dio la mayoría de los votos en el cabildo, gobierna con una correa muy corta.
Basta con que tres o cuatro regidores de oposición, más el síndico, decidan actuar juntos. Cada iniciativa importante del alcalde, cada reglamento, cada partida del presupuesto, tiene que pasar por su voto. Si ese bloque se organiza, puede frenar, condicionar o negociar todo. El alcalde que creyó que mandaba solo descubre que, en realidad, cogobierna con quienes creía que solo iban a levantar la mano.
Al revés también aplica. Un regidor de la misma planilla del alcalde, si entiende su valor, deja de ser un simple acompañante y se vuelve una pieza clave para sostener la mayoría. Esa posición negocia, propone, obtiene. El que se sienta a esperar instrucciones se vuelve invisible. El que entiende que su voto vale se vuelve indispensable.
Y esto vale igual para el que aspira a legislar o a presidir: aprende a contar votos antes de dar la pelea. En política, la mejor batalla es la que ganas antes de que empiece, porque ya tienes amarrados los apoyos que necesitas. El que llega a la sesión a ver qué pasa, pierde. El que llega con la cuenta hecha, manda.
El poder real no está donde crees
La política municipal está llena de mitos cómodos, y el más caro de todos es creer que el poder se concentra en una sola silla. No es así. El poder municipal está repartido, tiene contrapesos y responde a reglas que la mayoría ni siquiera se molesta en leer.
El que domina esas reglas juega con una ventaja brutal sobre el que solo domina el discurso. Puede ser un regidor que se vuelve intocable, un síndico que se vuelve indispensable o un alcalde que sabe exactamente cómo armar y sostener su mayoría.
Ese conocimiento, el del funcionamiento real del cabildo y del reparto verdadero del poder municipal, es la base de todo lo que enseñamos. Nuestras guías desmenuzan qué hace un regidor, qué hace un síndico y cómo funciona el cabildo por dentro, en lenguaje claro, para que llegues sabiendo dónde está de verdad el poder y cómo tomarlo.
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