Hay dos elecciones en cualquier candidatura de partido. La primera, la interna: convencer a los que deciden quién es el candidato. La segunda, la real: convencer a los votantes del municipio. El problema es que las competencias que se necesitan para ganar la primera son muy diferentes a las que se necesitan para ganar la segunda, y muchos aspirantes se dan cuenta de eso demasiado tarde.
Por qué ganar la candidatura puede costarte la elección
En la lucha interna por la candidatura, el juego es de negociaciones, compromisos, favores y demostración de lealtades. Se gana siendo el candidato más conveniente para las personas que deciden, no necesariamente el más capaz ni el más popular entre la ciudadanía. Eso implica hacer promesas, construir alianzas internas y a veces asumir compromisos que después complican la campaña.
El candidato que salió de una lucha interna muy peleada llega con tres problemas: energía gastada, recursos consumidos y enemigos dentro del propio partido que no van a trabajar con entusiasmo para que gane. Si no se atienden esos tres problemas en las primeras semanas después de obtener la candidatura, se convierten en grietas que el rival va a usar.
El período de transición: de aspirante a candidato
Los primeros diez días después de obtener la candidatura son los más críticos del proceso. En ese tiempo tienes que hacer tres cosas que la mayoría no hace: reconciliar a los que perdieron la interna con el proyecto (aunque no sea fácil), comunicar claramente al equipo de campaña cuál es la estrategia (muchos equipos siguen operando en modo de lucha interna), y salir al territorio con el mensaje correcto para la elección general, no para la interna.
El candidato que sale a hacer campaña general con el mismo discurso con el que ganó la interna está hablando el idioma incorrecto. Lo que convenció a los cuadros del partido no necesariamente convence a los votantes indecisos. El ajuste de mensaje tiene que ser rápido y consciente.
Cómo administrar los compromisos de la interna sin que dominen tu campaña
Los compromisos que hiciste para ganar la candidatura van a llegar a cobrar durante la campaña. Alguien va a querer que su gente tenga tal posición en el equipo, que tal zona sea su territorio exclusivo, que tal tema sea parte de la plataforma. Cómo manejes esas presiones define en parte la calidad de tu campaña.
La regla es simple aunque no es fácil: cumple los compromisos que no afectan la estrategia electoral. Negocia los que la afectan. Y deja claro desde el principio que las decisiones de campaña las toma el candidato con su equipo de confianza, no un comité de personas con intereses distintos. Un candidato que permite que su campaña sea dirigida por varios grupos al mismo tiempo no tiene campaña: tiene caos con slogan.
Construir para los dos juegos desde el principio
La solución ideal no es ganar la interna y luego pensar en la elección. Es construir desde el principio activos que sirvan para ambas. Una base territorial sólida en el municipio es útil en la interna (demuestra que puedes ganar) y en la elección (porque es la misma base que moviliza votos). Una imagen pública bien construida convence tanto a los cuadros del partido como a los votantes indecisos.
El aspirante que solo construye relaciones hacia adentro del partido y descuida la construcción hacia afuera está apostando todo a que la interna funciona. El que construye en ambas direcciones tiene más opciones y más opciones significan más posibilidades de llegar a la presidencia municipal.
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